Y dicen por ahí... quejarse es gratis!

 Hay un cuento de un perro tumbado encima de un clavo quejándose, día tras día… un día alguien entra en esa casa y le pregunta al amo del perro:

  • ¿qué le pasa a tu perro?

  • que está tumbado encima de un clavo, responde el amo

  • ¿y por qué no se levanta? pregunta 

  • porqué aún no le duele lo suficiente…

... y esta pequeña historia ejemplifica claramente, por lo menos para mí, lo que nos pasa a los seres humanos algunas veces.

¿Cuántas veces a la semana oyes a alguien quejarse de algo? y no hacer nada al respecto, claro está. O por ser más precisa: ¿cuántas veces al día oyes a alguien quejarse sobre algo?.

Nos hemos acostumbrado a la queja. Ya ni tan siquiera la identificamos algunas veces. Ya nos pasa de manera “transparente” a nuestros ojos.

 

A veces hacemos como el perro de la historia, y no tenemos la vista, la fuerza o la emoción para levantarnos y hacer algo diferente.

 

Si quieres resultados diferentes no hagas siempre las mismas cosas (Einstein)

 

¿A veces te quejas sin pensar qué está en tu mano para que aquello sea diferente, para conseguir resultados distintos?.

 

 

Te propongo estar una semana sin quejarte, a ver qué pasa. Y cada día que lo consigas, márcalo en un calendario. A ver si consigues estar toda una semana sin quejarte. Por ti y por los demás, porque a nadie le gusta “la canción de la queja”.

Este ejercicio, por lo menos, te ayudará a tomar consciencia de cuándo te quejas o escuchas una queja. Por lo menos tu cerebro lo identificará y será el momento de decidir, cuando reflexiones sobre ello, si quieres seguir quejándote o no.

 

El otro día me quedé sorprendida delante de un comentario. Alguien me dijo: “Inés, quejarse es gratis”. Y también tóxico, respondí yo.

 

Tengo la sensación de que hay dos maneras de vivir la vida. Pensando en cómo quieres vivirla o sin pensar.

Siempre me han dicho que aparento tener las cosas muy claras. Y la verdad es que eso es lo que dicen que aparento y así lo siento. Cuando tengo dudas delante de una elección, tal vez no sé lo que quiero, pero sí tengo claro lo que no quiero. Y a mí me sirve para decidir.

 

Dicen que los seres humanos aprendemos gracias a las reflexiones que hacemos. Si no nos paramos a pensar si la manera en que estamos haciendo algo nos satisface o no, seguiremos funcionando en “piloto automático”. Y seguiremos insatisfechos.

Solamente, parando tu vida unos minutos de vez en cuando, a confirmar que estás en el lugar que quieres estar, es suficiente. Y si la respuesta es que no lo estás, enfoca hacia el lugar que quieres y dispara.

Dispara con determinación, dispara con compromiso por conseguirlo, dispara con la emoción y el pensamiento adecuados. Y si no lo consigues tú solo, no dudes en pedir ayuda.

Pedir ayuda no es de débiles. Pedir ayuda es de valientes que quieren conseguir un cambio en sus vidas y van a por todas.

 

Así que, como dice la canción, sólo se vive una vez, así que no pierdas tiempo divagando…

PIENSA, ENFOCA, DISPARA y PERSISTE. Nadie dijo que fuera fácil y lo que sí tendrás claro en los momentos difíciles, es que estás en el lugar en el que quieres estar porqué así lo has DECIDIDO TÚ.

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